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No puedes ser católico sin ser pro-vida.

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“En el servicio a los enfermos, mientras las manos realizan su tarea, estén atentos: los ojos a que no falte nada, los oídos a escuchar, la lengua a animar, la mente a entender, el corazón a amar y el espíritu a orar” San Camilo de Lelis, Siglo XVI.

Toda persona tiene en su interior la capacidad de hacerse la pregunta por el sentido último de las cosas, de la visión global de la vida, de considerar su complejo mundo de valores. La dimensión espiritual posee un carácter universal; son necesidades de las personas, la búsqueda de la nutrición del espíritu, de una verdad esencial, de una esperanza, del sentido de la vida y de la muerte. La persona que acompaña a todo enfermo en este proceso se convierte en un agente espiritual; en el encargado de dar espacio al diálogo interior de aquel que sufre, para que él mismo pueda dar voz a sus preguntas y vida a sus respuestas.

La expresión “necesidad de” se refiere clásicamente a un objeto cuya falta puede ser “llenada” por el objeto mismo, pero en realidad esta interpretación mantiene la confusión habitual entre necesidades y satisfactores.  ¿Y en el caso de la dimensión espiritual del hombre, podemos hablar de necesidades? ¿Se puede hablar en términos de “necesidad” cuando se trata del cuestionamiento del hombre sobre sí mismo? Quizás, por ahora, lo único que podemos afirmar es que la necesidad espiritual existe, pues su no satisfacción entraña sufrimiento. Y, también podríamos decir que puede haber una definición negativa de las necesidades espirituales, que no son ni estrictamente físicas, ni estrictamente psicológicas.

Mi profesor de tercero de secundaria me dijo una vez: “La vida es justa, pero es dura”. Siempre me pareció que su declaración era equivocada. ¿Quién diría a un niño de 7 años que muere de hambre “Es justo que las demás personas puedan comer, pero tú no”? No podía entender cómo la vida podía ser justa. Pero lo cierto es que lo es. Todos pasamos por adversidades. Aunque no sean penurias como la hambruna o la parálisis, la mayoría de nosotros atraviesa en algún momento situaciones que nos cambian la vida y, tarde o temprano, todos experimentamos la muerte.