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¿Son los cuidados paliativos una alternativa a la eutanasia?

Los llamados «cuidados paliativos» están alcanzando un relieve particular en la medicina actual.

Cada vez se siente más su necesidad en el tratamiento de algunas enfermedades, como el cáncer, el SIDA y, en general, en las fases terminales. La Sociedad Europea de Cuidados Paliativos los define así: «Cuidados paliativos es la provisión de un cuidado total, activo, cuando la enfermedad no responde al tratamiento curativo. El cuidado paliativo no adelanta ni retrasa la muerte; proporciona liberación del dolor y de otros síntomas molestos, integra los aspectos espirituales y psicológicos del cuidado y ofrece un sistema de apoyo para ayudar a la familia a hacer frente a la enfermedad y al duelo». Se orientan, pues, a hacer más soportable el dolor y el sufrimiento en la fase decisiva de la enfermedad y, al mismo tiempo, a asegurar al paciente un acompañamiento humano adecuado. Ni adelantan, ni retrasan la muerte; ni acortan, ni alargan la Vida. Los cuidados paliativos se oponen tanto a la obstinación terapéutica como a la eutanasia.

Entendidos en este sentido, se podría decir que los cuidados paliativos constituyen una alternativa a la eutanasia, aunque en realidad son la alternativa del llamado «encarnizamiento terapéutico». Representan una manera de la medicina de afrontar consciente y responsablemente cómo comportarse con el paciente que se encuentra cercano a la muerte a causa de una enfermedad incurable. En vez de obstinarse en prolongar su agonía inútilmente o de provocar la muerte en el paciente que sufre una enfermedad terminal incurable, buscan aliviar los sufrimientos y facilitar la mayor calidad de Vida hasta su final.

Contra la tendencia a deshumanizar la relación médico-paciente, a despersonalizar al enfermo, identificando a la persona simplemente con el número de cama que ocupa en el hospital, en los cuidados paliativos importa mucho la dimensión humana, moral y espiritual; el mismo hecho de ser y saberse escuchado tiene gran importancia para el enfermo.

Mientras en la práctica normal de la medicina curativa el punto de partida es la Vida humana que hay que tutelar y defender a toda costa, se podría decir que la novedad de la medicina de los cuidados paliativos reside en situarse junto al paciente y al lado de la muerte que se acerca. Es decir, el centro de atención es el enfermo, como persona; el paciente que sufre una enfermedad «de muerte». Respecto a la persona, la muerte es el marco de referencia, de manera que el modo como Viva los últimos fragmentos de su Vida se convierte en la nueva frontera del compromiso solidario de la medicina. Los cuidados paliativos ayudan a encontrar el valor de aceptar la muerte como componente de la existencia humana, de integrarla cultural y existencialmente y de cuidar la calidad de la Vida que queda, con la atención y el cuidado esmerado a los sufrimientos de quien está próximo a morir; en este sentido, se preocupan por satisfacer las necesidades psicológicas, sociales y espirituales de la persona, acompañandola hasta el desenlace final. Es decir, el conocimiento de la muerte cercana lleva a una atención más cuidada de la calidad de la vida.

En la medicina paliativa, es importante especialmente la cercanía al enfermo; hacerse «próximo». Contra la tendencia a deshumanizar la relación médico-paciente, a despersonalizar al enfermo, identificando a la persona simplemente con el número de cama que ocupa en el hospital, en los cuidados paliativos importa mucho la dimensión humana, moral y espiritual; el mismo hecho de ser y saberse escuchado tiene gran importancia para el enfermo.

La bioética de los cuidados palitivos se basa en el principio fundamental que ningún fármaco para prolongar la Vida puede tener un coste inaceptable para la persona y que el paciente debe ser acompañado pacíficamente hacia la muerte. Esto significa que algunas intervenciones como aparatos respiratorios mecánicos, quimioterapia, cirugía, etc. deben suspenderse si el paciente, informado de la situación, no las desea.

25 preguntas, La Bioética.
Eugenio Alburquerque