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Homilías sobre la Virgen María “Principales devociones Marianas: El Santo Rosario”

Repasemos hoy la devoción mariana más importante, el Santo Rosario, que es el compendio de todo el Evangelio, como dijo el Papa Pío XII. ¡Qué mejor que en este año 2003, dedicado al Santo Rosario, como nos ha pedido el Papa Juan Pablo II, para repasar la hondura, belleza y la excelencia del Santo Rosario! Son un puñado de rosas que mandamos a Dios a través de María.

(1) ¿A quien se le ocurrió este piadoso ejercicio?

Fue a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de Predicadores, en el siglo XII- XIII, que solía alternar la predicación de los misterios de la vida de Cristo con el rezo de avemarías para asegurar, por intercesión de la Virgen, la eficacia de su predicación. Él, Santo Domingo, puso la primera semilla del Rosario.

Y más tarde, Alano de Rupe, de la misma orden de Santo Domingo, adquirió la forma actual. Era el siglo XV.

Y fue Juan Pablo II quien introdujo una novedad: los misterios luminosos del Santo Rosario.

(2) Excelencia del Rosario

Lo pidió María en Lourdes, en 1858, a Bernadita: ¡Haced penitencia! ¡Rezad por los pecadores! ¡Rezad el rosario!. María llevaba en su mano derecha un rosario.

Lo pidió María también en Fátima en 1917: “Yo soy Nuestra Señora del Rosario”

Fueron muchos los Papas que recomendaron el rezo del Santo Rosario, especialmente León XIII en el siglo XIX, el beato Juan XXIIII, Pablo VI y Juan Pablo II.

Juan XXIII colocaba al Santo Rosario después de la Misa y del Breviario. Por tanto, primero la Liturgia y sacramentos, y segundo, el Santo Rosario.

Es excelente el Rosario por su contenido teológico, por una parte contemplación de todos los misterios de Cristo, pero con el corazón de María, la madre; por otra parte, el rezo de las más bellas y sublimes oraciones del cristiano: Padrenuestro, avemaría y gloria.

La contemplación de los misterios de Jesús y María constituyen el alma del Rosario y esas oraciones, padrenuestro-avemaría-gloria, constituyen el cuerpo del Rosario. Ambas cosas son necesarias: rezo y meditación.

¿Cuáles son esos misterios?

  1. Gozosos: lunes y sábados.
  2. Luminosos: jueves.
  3. Dolorosos: martes y viernes
  4. Gloriosos: miércoles y domingos

Todos los aspectos de la vida humana están recogidos en el rezo del Santo Rosario: gozos y tristezas, luces y sombras, penas y glorias, desconciertos y esperanzas.

(3) Juan Pablo II, nos ha ofrecido el 16 de octubre del año 2002 una carta apostólica sobre el Rosario de la Virgen María.

Carta maravillosa y espléndida con dice el Papa que el Rosario nos ayuda a contemplar a Cristo con María. Y nos da unas pautas y claves:

  • Recordad a Cristo con María: Recordar es sentido bíblico significa hacer memoria de la historia de la salvación protagonizada por Cristo, desde la Encarnación hasta su subida al cielo.
  • Comprender Cristo con María: Comprender en la escuela de María cada uno de los misterios de Cristo, de los secretos de Cristo.
  • Configurar a Cristo con María: De tanto contemplar los misterios de Cristo logramos parecernos a Él, reaccionar como Él.
  • Rogar a Cristo con María: María es intercesora. Dos son las intenciones que nos recomienda el Papa, pedir a Dios a través de María en el rezo del Rosario: La paz y la integración de la familia.
  • Anunciar a Cristo con María: El Rosario es un medio para catequizar, evangelizar.

(4) ¿Cómo rezar el Rosario?

El peligro de hacerlo de manera mecánica y distraída está. Por eso hay que rezarlo bien.

  • Dignamente: ante el Sagrario, ante una devota imagen de la Virgen, paseando por el campo. Sería indecoro rezarlo en la cama, a nos ser por razón de enfermedad, o interrumpiéndolo constantemente.
  • Atentamente: si es que queremos que Dios nos escuche. Para ello: unas veces meditar la hermosura del avemaría, o el misterio contemplado, a las virtudes que se desprende de cada misterio. Y en el gloria, pensar en la Trinidad.
  • Devotamente: prontitud de ánimo para rezarlo, en una buena hora del día.

(5) ¿Conque método?

El método que nos ha recomendado el Papa Juan Pablo II:

  1. Se comienza con el Credo o con un Acto de contrición
  2. Se enuncia el misterio.
  3. Se lee la Palabra de Dios referida al misterio.
  4. Pausa de silencio para que penetre en mi corazón esa Palabra de Dios leída.
  5. Se pone una intención, y se considera una virtud de ese misterio.
  6. Un padrenuestro.
  7. Diez avemarías.
  8. Un gloria.
  9. Jaculatoria dirigida a conseguir el fruto de ese misterio.

Conclusión: El rezo del Rosario constituye un medio de santificación y prenda segura para la perseverancia final. Que acabamos así nuestros días con esta oración a María:

“Cuando con blanco sudario cubran los despojos míos... ¡Sálveme tu escapulario y tengan mis dedos fríos las cuentas de tu Rosario!"

Amén.